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Por qué merece la pena el self-hosting

Por qué en Homelabista apostamos por el self-hosting frente al SaaS: control real, aprendizaje y hardware que trabaja para ti.

Pago Netflix. Pago el dominio a Cloudflare. No vengo a decirte que canceles todas tus suscripciones ni que la nube sea el enemigo. Pero en casa tengo un homelab encendido las 24 horas, y mueve más cosas mías que cualquier suscripción que pague: streaming propio con Plex, WireGuard para entrar desde fuera sin abrir puertos a lo loco, un DNS que corta la publicidad antes de que llegue al móvil, automatismos que no paran nunca. Y todo eso lo aguanta un mini PC que en reposo consume unos pocos vatios —menos que el router que ya tienes enchufado—: esa es, para mí, la gracia de estos equipos como servidor permanente. Tenerlo encendido siempre no se nota en la factura, y por eso el 24/7 deja de ser un lujo. Cuantos más años le meto, menos ganas tengo de devolverle esos datos a nadie.

El problema no es la nube, es no tener otra opción

Hoy casi todo se resuelve con una tarjeta de crédito y un “aceptar términos”. Es cómodo, y a veces es lo correcto: no todo el mundo quiere ni debe montarse un servidor de correo en casa (yo tampoco lo haría). Pero hay una capa entera de cosas (tus fotos, tus contraseñas, el vídeo que grabaste con el móvil, las notas del médico) que hoy vive por defecto en un disco que no es tuyo, gestionado por una empresa que puede subir el precio, cambiar las condiciones o simplemente cerrar el servicio un martes cualquiera. Eso ya ha pasado. Va a volver a pasar.

El self-hosting es la opción que existe cuando decides que quieres saber dónde están tus datos y qué pasa con ellos. A veces sale más barato a largo plazo, a veces no: una Raspberry Pi 5 con SSD se amortiza en un año frente a según qué suscripción, pero si cuentas tu tiempo a precio de mercado, sale caro casi siempre. Lo que compras de verdad es control, y para mí eso ha valido la pena. Para otros no, y está bien.

Software libre, no solo hardware en un armario

Esto tampoco es solo tener un servidor en el salón, va de acuerdo con el software libre: herramientas que puedes auditar, migrar o abandonar sin que nadie te retenga los datos como rehén. Uso Docker para casi todo porque me deja tirar un contenedor y levantar otro sin dejar basura, y porque si algo deja de convencerme, cambio de imagen sin reescribir media casa. La domótica del salón, por ejemplo, corre en local: si se cae internet, las luces y los sensores me siguen funcionando, y eso es exactamente lo contrario de lo que pasa con media docena de bombillas “inteligentes” que se quedan mudas sin nube del fabricante.

No es una cruzada. Hay servicios en la nube que uso sin remordimiento y volvería a contratar. La diferencia es que ahora elijo caso por caso, en vez de aceptar por defecto que todo va a un servidor ajeno porque nunca me planteé la alternativa.

Por qué escribo esto en vez de solo montarlo

La mayoría de guías que encontré cuando empecé estaban claramente escritas por alguien que no había tocado el hardware, o eran una lista de comandos sin el porqué. Aquí intento lo contrario: reviews de hardware con datos medidos en máquinas reales, guías de lo que monté y lo que se me rompió por el camino, y un comparador para no tener que leerte tres artículos solo para elegir equipo. Si te sirve para no repetir mis errores, ha merecido la pena escribirlo. Puedes leer más sobre quién hay detrás en /sobre.